Cómo reducir el estrés si eres un hombre o mujer orquesta en tu empresa

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Escribe alguien que ha desafinado mucho. Luego te cuento porqué.

Si eres un hombre o una mujer orquesta en tu propio negocio significa que tú lo haces absolutamente todo. Y es muy probable que te sientas agotado y confundido.

¿Quieres aprender a sentirte eficiente, productivo y enfocado?

Entonces tengo que decirte algo que a lo mejor no te va a gustar. No es posible reducir el estrés y sentirte bien si sigues haciendo todo el trabajo tú solo.

Pero sí es posible reducir el estrés, sentirte mejor y llevar tu negocio al éxito, si aprendes a delegar tareas. Si no tienes socios ni trabajadores a tu cargo, como en mi caso, tienes que aprender a confiar en otros profesionales que sean expertos justo en lo que tú no lo eres. Así podrás centrarte en hacer el trabajo que sí dominas y que es el centro de tu negocio.

Puedo ayudarte a conseguir esto, pero antes quiero explicarte a qué me refiero exactamente para que puedas aplicar mi estrategia de forma efectiva. Cuando empecé a formarme sobre temas empresariales, empecé a escuchar de boca de mis formadores que el hombre orquesta no tenía mucho futuro. En esos momentos me sentía mal porque yo era una mujer orquesta. En aquellos seminarios me sentía atacada, y para defenderme, me justificaba pensando que si a alguien no le ha salido bien, no tenía porqué pasarme a mí también.

Pero me equivocaba…

Considero que no existen patrones de conducta estrictos que incondicionalmente te lleven al éxito o al fracaso. Todo depende de muchas circunstancias. Pero reconozco que mis formadores tenían razón en este caso.

El compromiso y esfuerzo que supone hacer llevar un proyecto empresarial al éxito, hace prácticamente imposible que puedas hacerlo todo tú solo. Siempre y cuando quieras conservar tu salud física y mental.

Me explico.

No es imposible diseñar y ejecutar todos los aspectos de tu negocio tú mismo, pero será muy difícil que todo puedas hacerlo adecuadamente sin que te afecte a tu bienestar como persona. Seguramente tu tiempo libre se verá afectado y por consecuencia, la calidad de las relaciones con tu familia y amigos. Por no hablar de lo difícil que es desconectar y cumplir con unos hábitos saludables de alimentación y sueño.

El asunto principal que nos lleva a querer hacerlo todo por nosotros mismos es la falta de dinero efectivo para invertir. Mejor dicho, la falta de valor que les damos a otros profesionales por el trabajo que realizan. Tendemos a querer autoformarnos, de forma gratuita a poder ser, en vez de contratar directamente a otros profesionales. Queremos aprovechar y hacer por nuestra cuenta todo lo posible para no gastar, como el logo, el posicionamiento de la web, o lo que sea.

Esto es normal porque al principio no tenemos beneficios y nos agobia el futuro de nuestra empresa, pero a la larga, te alejará de tu objetivo.

En mi caso, he querido aprender marketing, finanzas, contabilidad, diseño gráfico, el temido SEO, etc. Acabé rendida y con un caos importante dentro de mi cabeza. Y lo peor, es que no terminas de dominar ninguna de esas cuestiones, aplicando estrategias de poco valor a tu propia empresa.

Yo para mi empresa quiero lo mejor. No quiero parches ni chapuzas. Ahora lo sé.

Es así, por mucho que cueste. Tenemos que acabar con la mentalidad de que se puede emprender sin invertir y gastar dinero. Por muy poco que tengas, hay que invertir en ti con el fin de ser mejor empresario y persona. Hay que pagar para que otros te hagan el trabajo que tú no controlas, que en mi caso sería el fiscal y el posicionamiento y optimización de mi web.

Al final me quedo con el consejo de una de mis formadoras de marketing de contenidos on line, Rocío Sepúlveda de sepulima.com:

“No pretendas dominar todas las materias. Aprende justo lo necesario para saber comunicarte con el profesional al que vas a delegar esa parte de tu empresa, para poder expresar lo que quieres realmente y para que no te engañen con el resultado”.

 

 

Ahora sí, coge papel y boli y apunta las tres claves para reducir el estrés y dejar de desafinar en tu empresa:

1. Sigue el consejo de mi formadora.

Si desconoces una temática por completo, aprende lo justo para que sepas qué estas pagando exactamente y no para intentar hacerlo tú mismo. Date un respiro y acepta que no puedes controlarlo todo.

Encuentra el punto medio entre valorar lo que hacen otros profesionales y no ser imprudente en confiar en el primero que te encuentres. Busca muchas opciones y compara la cantidad y claridad de información que te ofrecen, la accesibilidad y disposición que tienen y la confianza que te trasmiten. Yo no confío en un profesional que no me detalla los servicios que incluye el precio, que se muestra reticente a ofrecerme un presupuesto detallado o que su imagen de empresa no sea coherente con su actitud y comportamiento como persona.

2. Piensa en grande.

Cuando analizas tu situación actual con realismo, tienes que aceptar esa situación y pensar que no es estática y que tu trabajo tiene que estar enfocado a crecer. Independientemente de la situación económica que disponga tu empresa en estos momentos, tienes que pensar en grande.

Si no, ¿qué sentido tiene tanto esfuerzo? Si ya de antemano piensas que no vas a llegar al nivel que quieres, seguramente no lo conseguirás. Reconozco que cambiar la forma de pensar no es fácil, por eso quiero ayudarte con el siguiente ejercicio.

Te invito a que te tomes tu tiempo y contestes de manera reflexiva a las siguientes preguntas en el mismo orden:

a. ¿Qué cualidades y habilidades personales tienen los empresarios de gran éxito profesional y empresarial?

b. De esas cualidades, ¿hay alguna que yo también tenga o pueda desarrollar?

c. ¿Qué podría hacer yo para adquirir o desarrollar las cualidades necesarias para triunfar?

d. ¿Yo me merezco menos que otros empresarios que tienen éxito?

e. ¿Qué clase de profesional quiero ser dentro de 6 meses? ¿Qué productos o servicios me gustaría ofrecer?

Después de asimilar tus propias respuestas, tienes que plantearte hacía dónde quieres ir, qué profesional quieres llegar a ser y cómo quieres que sea realmente tu empresa.

3. Haz un plan de inversión.

Para seguir mejorando mi negocio de coaching y mentoría para autónomos y emprendedores, estoy continuamente invirtiendo en mí. (Y si tuviera trabajadores a mi cargo, también invertiría en ellos).

Después de haber aceptado que no puedes controlarlo todo, de valorar el trabajo de otros profesionales y de enfocar tu pensamiento a lo grande, ya tienes que tener una idea de lo que quieres conseguir. Seguramente quieres hacer cosas, proyectos o formaciones que ahora no son viables.

Coge otra vez el boli y haz un listado de todas aquellas cosas que vas a hacer en el futuro. No las que te gustaría hacer sino las que sí o sí vas a hacer.

¡Recuerda que ahora pensamos en GRANDE!

Dedica un tiempo de tu jornada laboral a investigar qué te hace falta para conseguir cada punto de la lista. Puede que sean recursos económicos o de otro tipo.

Luego establece prioridades y pon un plazo para conseguir cada cosa. Así, te pondrás en marcha para conseguir con más rapidez aquello que te hace falta, es decir, tendrás un plan de inversión y de acción para conseguir tus objetivos.

En mi caso, cuando detecto una necesidad o quiero añadir valor a mi negocio, pienso qué tipo de profesional puede ayudarme y valoro todas las opciones del mercado. Cuando hago mi elección, compruebo si actualmente me lo puedo permitir y si no, evalúo cuánto tiempo tardaré en conseguir el dinero para dicha inversión y me pongo manos a la obra para que cuando llegue la fecha fijada, ya pueda realizar el pago sin sentirme ahogada.

La clave está en no renunciar a lo que necesitas y quieres. Si no dispones de efectivo, planifica cuándo podrás hacerlo. Sólo así tendrás la mentalidad idónea para que se te ocurra cómo hacerlo y la paciencia para esperar el momento realista para ponerlo en práctica.

Y aunque parezca que me he desviado del tema sobre cómo reducir el estrés, no lo he hecho en absoluto. Si pones en marcha sólo una de las tres claves que te he dado más arriba, ya estarás haciendo mucho para disminuir esa tensión tan desagradable de tu día a día.

¡Imagínate cómo te puedes llegar a sentir si aplicas las tres!

Espero que este post te haya resultado de gran ayuda.

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Un abrazo y muchas gracias por estar aquí,

Ana

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