A veces perderse es la mejor forma de encontrarse. Cómo superar una crisis.

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Esta semana quiero que sepas cómo superar una crisis existencial. Te voy a dar las claves para que puedas sacar cosas buenas de un momento tan delicado.

También voy a contarte cómo entré en una crisis de este tipo y cómo me reencontré conmigo misma para superarla.

Muchas veces perderse es la mejor forma de encontrarse es una frase que está circulando por Facebook continuamente.

No sé quién es el autor original o si está sacada de un libro. Lo que sé es que la primera vez que la leí, pensé: ¡es verdad!

Estamos abrumados de este tipo de frases motivadoras, pero es que hay algunas que a pesar de que están hasta en la sopa, son leyes naturales, verdades como templos…

Aunque a la hora de la verdad las ignoramos.

He decidido quitar el “muchas” por “a veces” porque creo que perderse muchas veces a lo largo de la vida no es bueno.

Este tipo de recaídas continuas se producen porque no sabemos cómo superar una crisis.

No aplicamos lo aprendido en la crisis anterior.

Pero a veces sí es necesario y extraordinario perderse.

Cómo me perdí y cómo me encontré.

Mi madre falleció y dejé el trabajo fijo de mis sueños en plena crisis.

 

Tuve que abaratar todavía más mi estilo de vida porque tenía 700€ de paro durante 6 meses y luego pasaba a 500€ al mes. Así que me mudé a una casa de 30 metros cuadrados.

Realmente aquel trabajo no era el de mis sueños. Dejarme esclavizar no era lo que siempre soñé.

Trabajaba 24 horas por 1000€ al mes.

Y digo 24 horas porque casi siempre me quedaba varias horas más, no tenía tiempo para comer y cuando estaba de camino a casa ya empezaba a recibir llamadas de teléfono solicitando que Santa Ana hiciese milagros.

Estaba obligada a tener el teléfono encendido por las noches y los fines de semana. Y más de una vez cambiaba el pijama y el agotamiento por salir a trabajar de madrugada.

Aguanté años porque trabajaba coordinando pisos de rehabilitación y reinserción para drogodependientes. Mi vocación.

 

Es un trabajo muy duro, en el que la integridad física y psíquica de los trabajadores se ve amenazada a menudo. Pero cuando todo va bien, es el trabajo más alucinante y bonito del mundo.

Soy la persona que soy gracias a lo que he compartido con todos los usuarios que han pasado por esos centros.

Al final decidí dejar el trabajo porque iba a caer enferma.

Quería descansar y acompañar a mi madre durante su último mes de vida. Así que dejé Madrid y volví a Estepona. Al final sólo pude estar con ella una semana.

Cuando se fue volví a mi nuevo piso de Vallecas. Creo que estuve unos tres meses sin trabajar para recuperarme.

Pensaba que no sería muy difícil encontrar trabajo con mi formación y experiencia.

Creía que todos los reclutadores de Madrid iban a estar esperándome a que decidiese empezar a buscar trabajo en serio…

Cuando me di cuenta que eso no pasaba, me asusté muchísimo.

No encontraba trabajo ni de lo mío ni de lo de otros.

La Comunidad de Madrid se cargó la red de drogodependencias con su macro recorte y como trabajadora social siempre me faltaba experiencia en otros sectores de la profesión.

Cuando empecé a buscar empleo de cualquier cosa, tampoco me fue bien.

Me decían que estaba muy cualificada. Los seleccionadores tenían miedo que abandonase el empleo cuando encontrase algo de lo mío.

Entonces, me dio por emprender, pero me dio tres días y me dejó de dar.

No supe cómo superar una crisis laboral y existencial, que me estaba minando.

Volví a la queja continua, al “porqué yo con lo buena que soy”, al “qué injusta es la vida” y al “siempre tienen suerte los mismos”.

El miedo y la comodidad ganaron la partida.

Una mañana paseando por la Av. de la Albufera, dándole vueltas a la cabeza (como siempre), me dio por pensar en todos los logros que había conseguido a lo largo de toda mi vida…

Automáticamente empecé a sentirme mejor porque realmente me di cuenta que mi vida no ha sido tan desgraciada como yo me repetía en aquellos tiempos.

Tenía motivos para estar orgullosa y para dejar de pensar en lo malo y mirar mi futuro con unos ojos más amables.

Aquel fue un momento decisivo.

Poco a poco y casi de forma automática, empecé un auto-proceso de crecimiento personal, que me llevó paulatinamente a dejar de quejarme, a valorarme más y a empezar a buscar soluciones diferentes para mis problemas.

Desde aquel momento, ha habido de todo, momentos malos, pero también buenos. Antes era incapaz de verlos.

El cambio más grande a nivel personal, fue volver a mi pueblo, donde actualmente resido. Cambiar el asfalto por el mar me sentó genial… aunque echo de menos las posibilidades de la gran ciudad.

¡A nivel profesional ha sido increíble!

Decidí formarme como coach para poder ayudar a otras personas a pasar por un proceso de crecimiento personal como el que yo viví.

Creé Symbio Coaching & Trabajo Social y empecé a ofrecer servicios de coaching personal.

Pero para mi sorpresa, la demanda que tenía era sobre reorientación y reinvención profesional y sobre mejorar la conciliación de los autónomos entre vida laboral y personal .

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Me di cuenta que atraía a personas que habían pasado por las mismas situaciones que yo.

Por eso comprendí que la mejor forma que tengo de ayudar a otros, no es sobre cualquier asunto, sino con alguno que esté relacionado con el mundo profesional.

He estado en todas estas situaciones:

  • He sido una jefa insatisfecha con problemas para gestionar el estrés y con cero asertividad para comunicarse con su equipo y su jefe.
  • He sido una trabajadora más que buscaba un empleo acorde con su formación.
  • He estado un largo período desempleada.
  • Me he sentido una emprendedora frustrada.

Si estás pasando por alguna de estas situaciones, y no sabes cómo superar una crisis de este tipo, te entiendo mejor que nadie…

Ahora soy una emprendedora satisfecha, que sigue actuando para mantener este estado.

Ahora siento que la vida me responde, pero no porque me lo merezca, ¿quién no se lo merece?

Sino porque he dejado de quejarme y de ver sólo lo negativo, he aceptado la realidad, he asumido mi responsabilidad, me he comprometido y sigo perseverando para conseguir un estilo de vida acorde a mis valores.

¿La clave?

Emprender en mi pasión y no emprender en otro negocio sin alma más.

Mi pasión es ayudar a las personas. Así que aunque me he reinventado profesionalmente, la base de todo es la misma.

Beneficios de perderte.

En este tipo de crisis existenciales se pasa realmente mal, aunque a veces se banalice sobre el tema.

Nos reímos de la crisis de los 40, ridiculizamos a nuestros adolescentes porque están en la edad del pavo, etc.

En general, se suele juzgar y hasta aislar al que vive una situación así. La empatía es escasa y pueden tacharte de egoísta.

Pero también tiene su lado bueno.

Estas etapas te permiten descansar, tomar aire, coger impulso y plantearte quién eres, dónde estás y hacia dónde quieres llegar.

Descubrir quién eres puede resultar realmente duro, pero lo considero un beneficio porque hacerlo también te aportará consecuencias increíbles.

La clave para volver a encontrarse: la autocompasión.

Al principio llora, grita, no hagas nada o haz lo que quieras. Esa es la cuestión. Tienes que vivir tus emociones y ese estado de tristeza y confusión. No te regañes por hacerlo.

Déjalo salir y practica la autocompasión. Haz contigo lo mismo que harías cuando ves a alguien llorar. Cuídate. Abrázate. Dite palabras bonitas y esperanzadoras.

Empieza a encontrarte.

Cuando hayas vivido todas esas emociones sin juzgarte, di basta.

A la  mínima señal de victimismo en bucle, corta. Esta es la diferencia entre una crisis útil y una crisis que desgasta.

Dale más protagonismo al pensar que al sentir.

Tus nuevos pensamientos estarán influenciados por el aprendizaje que has realizado tras gestionar tus emociones en la primera etapa.

Seguir estos pasos te ayudará:

  1. Empieza a tomar consciencia de las cosas que has conseguido.

En ese momento puede que no encuentres muchos logros.

Sigue buscando. Estoy segura de que tienes un montón.

  1. Aprende a conocerte.

Puede que creas que te conoces muy bien, pero también puede que te sorprendas si sigues buscando.

Responde a esas preguntas que tu mente te plantea.

  1. Define quién eres y quién quieres ser.

El aprendizaje anterior te dirá qué clase de persona eres, y por lo tanto, si quieres ser mejor y seguir creciendo, tendrás que definir qué tipo de persona quieres ser.

Qué hábitos debes incorporar a tu vida, qué actitudes quieres cambiar, etc.

  1. ¿Cómo quieres vivir?

No basta con saber quién eres. Ahora te toca saber lo que quieres hacer.

A qué quieres dedicar la mayor parte de tu tiempo.

Qué legado quieres dejar. Cuál es tu estilo de vida ideal.

  1. Trazar un plan de acción para empezar tu nuevo camino con determinación y motivación.

En este otro post te cuento cómo hacerlo.

Para resumir:

  • Déjate llevar sin juzgarte.
  • Cuando sientas que te estás regodeando en tu pena, cambia el chip.
  • Plantéate quién eres, quién quieres ser y cómo quieres vivir.
  • Traza un plan de acción que te lleve a donde quieres.

Espero que este post te haya resultado de gran ayuda.

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Un abrazo y muchas gracias por estar aquí,

Ana

 

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comentarios

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  • Whow!! Qué post tan personal. Gracias por compartir tu historia con nosotras. Y gracias por haber encontrado tu pasión y estar escribiendo artículos tan maravillosos como este.

    Yo también he pasado por la crisis de no sé qué hacer con mi vida, no sé qué quiero hacer. Es muy frustrante porque solo te quejas pero no gastas esa energía en encontrar una solución. Cambiar el chip fue lo que me ayudó. Tengo a una persona al lado que me repite constantemente lo buena que soy y todo lo que he conseguido. Sí, aún no soy capaz de verlo por mí misma, pero tenerlo presente es importantísimo.

    Genial, como siempre, Ana. Y olé tú por tu fuerza y valentía!!

    • Muchísimas gracias Carmen.
      Estoy segura de que algún día vas a ver y a sentir lo que vales.
      Y espero seguir estando cerca para verlo.
      ¡Un abrazo!

  • Si no fuera por las crisis nunca habría necesidad de evolucionar 🙂

    Yo también soy emprendedora a partir de una crisis. Lo que tuve que superar, principalmente, es la carga de hacer siempre lo que los demás aprueban o esperan de ti. “¿Cómo voy a dejar todo y hacerme autónoma? ¡La gente dirá que estoy loca! No es lo que se supone que debo hacer.” Decidir que ya valía de hacer lo que los demás suponían que debía hacer, no sólo hizo que cambiara el funcionamiento de mi vida porque empecé mi propio negocio, también abrió una brecha que condicionó totalmente mi forma de actuar. Desde ese momento, empecé a hacer lo que yo quería, independientemente de cómo afectara a quienes no tenían nada que opinar en el tema.

    Padres que te obliga a estudiar una carrera que no quieres, familiares que desprecian tus ideas o aspiraciones, parejas que esperan que mantengas la estabilidad que ellos o ellas no tienen, amigos que por mantener el estatus de un grupo juzgan de las maneras más ruines. Todo esto son cargas inútiles que hacen muchas veces que te sientas perdido.

    Ahora prefiero un error decidido por mí que un acierto inducido por otros.

    Una vez más empatizo totalmente con tus palabras 😀

    • ¡Eres todo un ejemplo Nora!
      Superar los prejuicios y opiniones de las personas que forman parte de nuestra vida es muy difícil.
      La verdad es que yo hago lo que quiero, pero me sigue afectando.
      Me quedo con tu frase final sobre los errores y aciertos.
      Gracias Nora.

  • Hola Ana, es un post realmente “intenso”.

    Es muy fácil en los tiempos que corren, entrar en esa vorágine que te lleva a tocar fondo.

    El problema es que no todo el mundo cuando toca fondo, es capaz de percatarse y aprender la parte positiva de esa experiencia.

    Así es como yo lo veo. Te felicito por esa fuerza interior que te hizo renacer de tus cenizas y apostar por la vida.

    Un afectuoso saludo

    • Hola Adela, muchísimas gracias por tus palabras. Es verdad que no todo el mundo remonta, por eso decidí escribir cómo lo hice yo, por si puede ayudar a alguien.

Únete a esta gran aventura. Te enseñaré a desarrollar tu propia estrategia, a gestionar tus emociones, y a entrenar tus habilidades para que seas capaz de disfrutar de tu propia empresa sin tantas interferencias en tu vida personal.